sábado, 6 de julio de 2013

¿A las aseguradoras, los mermados ingresos del IMSS-Issste?

Gustavo Leal*
 
Incluso sus más entusiastas promotores reconocen el fracaso del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) y las reformas de Zedillo y Calderón al IMSS-Issste. Es un fracaso para el futuro pensionario de los trabajadores, dueños de los cuantiosos recursos, y éxito de capitalización de las Afore que los administran, cada vez más alejados de los supuestos beneficios para la seguridad social. El uso privado muy rentable de los fondos no se traduce en mejores rendimientos netos sociales. Sólo en mayo de 2013 se esfumaron ¡93 mil millones de pesos! por la pérdida de valor de las inversiones realizadas por las Afore, e incluso alguien estima que el SAR es ¡siete veces más caro! que otros sistemas latinoamericanos, por el nivel de sus comisiones.
 
Alejandro Villagómez, del CIDE, escribió: De la población cubierta por un programa público de pensión, la mayoría se encuentra en un esquema de cuenta individual y capitalización total, como el del IMSS. Las contribuciones efectivas de esta población al programa resultan bajas, por lo que muchos sólo tendrán derecho a la pensión mínima garantizada, y una buena parte ni siquiera a ésta, ya que no cumplirán con el requisito del mínimo de semanas de contribución. Es decir, no tendrán una pensión. Esto significa que una enorme proporción de la población adulta mayor se encontrará en la pobreza (El Universal, 29/5/13).

Fernando Solís Soberón no es ajeno a este desenlace. Fue el primer presidente (1995-99) de la Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro (Consar), época platino para las ganancias de las Afore, que entonces cobraron dos comisiones obligatorias a los trabajadores: de saldo y flujo.

Sirviéndose de la puerta giratoria, Solís pasó alegremente de la Consar –donde su misión consistió en proteger los ahorros para el retiro, para que se obtengan pensiones dignas– a los negocios del Grupo Financiero Banorte (GFNorte), donde, como director general de banca de ahorro y previsión, su misión consiste ahora en satisfacer las necesidades financieras de nuestros clientes. Preside, además, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (Amis).
Después de proteger las pensiones y ya del otro lado de la puerta giratoria, Solís encabeza el asalto del sector asegurador al área de la salud. Su oportunidad ha surgido al amparo de la oferta de campaña de Peña Nieto de implantar una seguridad social universal, diseñada por Santiago Levy, que eleva impuestos (IVA) y reduce prestaciones.

En su discurso de clausura de la 23 Convención Nacional de Aseguradores, Solís entregó a Peña Nieto –quién sólo acusó recibo– un listado de 15 escalofriantes propuestas. Para Solís es deseable crear un sistema único de seguridad social, además de evaluar la conveniencia de abrir a la competencia la prestación de los seguros y la atención médica en beneficio de los derechohabientes.
 
De implementarse sus 15 escalofriantes propuestas, estaríamos frente al principio de la extinción del IMSS-Issste. El sector asegurador bloquearía su crecimiento al pretender asumir –para su proyecto de lucro– el grupo más importante del sector formal no registrado en ambas instituciones: el del outsourcing que Peña Nieto legalizó con su contrarreforma laboral de noviembre 2012.
 
Además, las 15 propuestas Solís-Amis-Banorte intentan compartir la atención médica (o de plano otorgarla), así como involucrarse en las prestaciones en especie y dinero de los seguros de enfermedad y maternidad, riesgos de trabajo y de invalidez y vida. Buscan, también, constituirse en juez y parte al dictaminar riesgos de trabajo y al expedir certificados de incapacidad. ¿Qué les quedaría a las instituciones? El seguro de guarderías que ya se brinda –por acción de Levy– subrogado a privados.
 
Para su nueva aventura, Solís compró el controversial diagnóstico de Funsalud de Guillermo Soberón, Julio Frenk y Mercedes Juan –ésta, hoy, al frente de la Ssa– respecto de que entre los principales retos del Sistema Nacional de Salud está seguir pugnando –igual que firmas como PriceWaterhouseCoopers e intereses como la Cámara de Comercio Británica (Louise Batchelder)– por ese sistema único de seguridad social financiado con un fondo único federal y la sana competencia entre prestadores (Universalidad de los servicios de salud en México. Grupo de trabajo de Funsalud, en Salud Pública de México, vol. 55/2013, editora invitada Mercedes Juan López).
 
También desde el otro lado de la puerta giratoria, Alejandro Valenzuela –ex director de Deuda Pública, ex vocero de la SHCP, ex director de Relaciones Externas del Banco de México y ahora director general del GFNorte– sostiene que las “utilidades netas del Grupo generadas por los negocios no bancarios se duplicarán una vez que se hagan con el control accionario de las compañías de seguros y pensiones en las que es socio con Grupo Generali. “El acuerdo –insistió– tiene sentido desde el punto de vista estratégico para Banorte, por el atractivo crecimiento esperado del sector asegurador en el país” (La Jornada, 21/6/13).
 
Mientras, el ex secretario de Hacienda y ex gobernador de Banco de México Guillermo Ortiz Martínez –actual presidente del consejo de administración del GFNorte– también estimó que la compra de Generali fue motivada por la perspectiva de crecimiento de estos sectores.
El confirmado fracaso del experimento privatizador en materia de pensiones –que apremia una inaplazable reforma de las reformas al IMSS y al ISSSTE–, ¿será replicado ahora en el área de la salud? Solís Soberón ¿protegerá ahora la salud, como antes protegió las pensiones? ¿Qué ganarán los pacientes? ¿Lo permitirá la segunda alternancia de Peña Nieto?
 
*Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
 

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