lunes, 29 de abril de 2013

Viejo y “nuevo sindicalismo”


Luis Hernández Montalvo

La clase obrera y el movimiento sindical llegan a la celebración del Día Internacional del Trabajo en medio del aturdimiento por las reformas a las leyes laborales que por cerca de un siglo tutelaron  sus derechos consagrados en el Artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

En  la celebración del Día Internacional del Trabajo de este año se van a ver acentuados los enconos sociales, la incertidumbre y la desesperanza aún mayor. Antes de las reformas, los miembros de la familia –aparte del padre- se vieron empujados a ocuparse en cualquier empleo o actividad remunerativa para contribuir al sostenimiento del hogar; pues los salarios “mínimos” se hicieron inoperantes para llevar a la casa vestido y sustento. El saldo,  se sabe, más de tres millones de niños fuera de la escuela, borrados de las estadísticas como demanda educativa porque trabajan por un salario por debajo del “mínimo”. El desempleo se ha incrementado como nunca había ocurrido en la historia reciente del país.

Datos conservadores indican que desde el 2009, 44.2 por ciento de la población viven en pobreza; que el 33.7 por ciento (30 millones) de mexicanos en pobreza “moderada” y 10.2 por ciento (11.2 millones) en pobreza extrema. Otros indicadores nos dicen que  50.6 millones de mexicanos no les alcanza para cubrir sus necesidades, con hambre, sin comer regularmente, con enfermedades y sin derecho a la salud y al trabajo tal como lo manda la Constitución. Todavía es más alarmante cuando nos acercamos a los números de la infancia: 25 por ciento de los niños y niñas viven en condiciones de pobreza alimentaria, sin posibilidades de convertirse en seres competitivos con los niños de los países del primer mundo, alojados en las escuelas más pobres del país, con maestros tan pobres como sus alumnos. ¿Cómo entonces se modela una política educativa al margen de estas consideraciones?

Pues bien; esa serían las condiciones materiales de esta clase obrera que saldrá a las calles como dijera el camarada Lenin “la clase obrera en si” está desesperada, en Guerrero, los profesores sindicalizados
del SNTE y agrupados en la CETEG responden con violencia quemando y destruyendo edificios partidarios, bloqueando la autopista para tratar de revertir las reformas federales en el campo de la educación y las condiciones laborales que serán más exigentes en el control del trabajo de los docentes mediante “criterios estandarizados”.

Hay cólera;  se desatan los odios y la violencia pero no hay una “clase para sí” que los organice y los dirija con responsabilidad. Desde la disolución del Partido Comunista para dar paso a la construcción del Partido de la Revolución Democrática; se abandonaron las tradiciones de elaboración de los problemas de la clase obrera y del sindicalismo, de organización de los trabajadores en sus sindicatos; el tema del sindicalismo dejó de ser una preocupación estratégica del nuevo organismo político para incursionar de lleno en los asuntos electorales; las luchas internas por la disputa descarnada del control del partido y sus cuantiosos recursos económicos anularon cualquier posibilidad de construir una fuerza “sindical” y “partidista” capaz de enfrentar los retos de las reformas laboral y educativa que se imponen.

Por lo que veo; la clase obrera y la clase trabajadora en general no forma parte de un “movimiento sindical organizado”; los 45 mil trabajadores despedidos de Luz y Fuerza del Centro enfrentaron a la empresa y al gobierno de manera aislada. El Sindicato Mexicano de Electricistas ha tenido que pelear en una resistencia desgastante y desigual contra el gobierno, los partidos políticos, el Congreso de la Unión, a la Suprema Corte de Justicia con sus abogado y jueces, con sus ministros; con los medios de comunicación y los intelectuales patronales que contrasta con la escasa o nula solidaridad del conjunto de los sindicatos y los organismos políticos pretendidamente de “izquierda”.

Este primero de mayo la clase obrera sale a la calle sin organización, sin posibilidades de frenar cualquier exceso que grupos de jóvenes “lumpen -anarquistas” seguramente realizarán asumiendo las funciones de “la vanguardia del proletariado”. La violencia del primero de mayo tendrá visos de provocación como la que protagonizamos el 1 de diciembre por jóvenes encapuchados que sin ninguna responsabilidad buscarán su justificante en los desmanes de un grupo de maestros de Guerrero.
 
 
Los trabajadores organizados en los patrones del viejo sindicalismo corporativo de principios del siglo pasado tampoco tienen claridad de los cambios constitucionales de las últimas semanas. El partido que los contenía no se muestra solidario, ni con ellos ni con sus demandas y mucho menos con su derecho a organizarse como ocurrió durante los días del gobierno del General Lázaro Cárdenas del Rio. El PRI ya no es la organización política que los convocaba el 1º. De Mayo en la Plaza de la Constitución llenando la plaza de armas de alegorías a la unión estratégica de los obreros con el gobierno y su partido. Tampoco los trabajadores independientes se han apartado de los viejos modelos leninistas del sindicalismo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Lo que realmente está en crisis son los modelos de organización gremial de los trabajadores que no encuentran su justificante en el siglo XXI y en un mundo radicalmente distinto al que les dio origen en otro tiempo; con otras condiciones en la integración de la fuerza laboral y del trabajo.
Hoy hace falta discutir un nuevo modelo de sindicalismo; que sin renunciar a sus tradiciones de lucha y organización, sea capaz de tratar de cambiar las condiciones de injusticia e inequidad para luchar por el cumplimiento y respeto irrestricto a los derechos humanos más elementales como los derechos al trabajo y a la salud; a la casa, al vestido y al sustento de la familia con dignidad y también, sin olvidar el derecho de los trabajadores a la libre sindicalización y a la huelga en un país con tradiciones democráticas. Eso, y no las cruzadas contra el hambre y su poder clientelar es lo que deben resolver los diputados y senadores del Congreso de la Unión y los líderes políticos del país (28-04-2013).
 
 
 

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