domingo, 15 de julio de 2012

México tiende a envejecer y para 2030 habrá más personas mayores de 60 años que menores de 15. En tanto, siete millones de adultos mayores se encuentran en pobreza y más de 800 mil en pobreza extrema.

Asilo para ancianos "Isabel la Católica".
Asilo para ancianos "Isabel la Católica". Foto: Oswaldo Ramírez
En el horizonte demográfico del país asoma la vejez. Si hoy viven en México 10.8 millones de personas mayores de 60 años, para el año 2050, de acuerdo a estimaciones del Consejo Nacional de Población, podrían vivir 35 millones de adultos mayores. En sólo unos años, para el 2030, este sector de la población será mayor que los menores de 15 años. México es un país que tiende al envejecimiento.
La ausencia de lo que se puede considerar una cultura del envejecimiento determina condiciones de abandono, violación de derechos y pobreza para millones de mexicanos que se encuentran en condiciones de mera subsistencia en el ocaso de su vida.
De acuerdo a datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, siete millones de personas adultas mayores se encuentran en la pobreza y más de 800 mil en la pobreza extrema. El 27.9 por ciento de estas personas considera que sus derechos no han sido respetados debido a su edad, según datos procedentes de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENDM), realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la UNAM y el Instituto Nacional de las Personas Mayores (Inapam).
El diagnóstico resulta demoledor: más de la mitad de nuestros viejos no cuenta con recursos suficientes para vivir con dignidad. La tercera parte de nuestros padres y abuelos han visto sus derechos violados debido a la condición humana de envejecer.
El rostro de Genaro Castañeda ensombrece cuando habla del desastre que para él significa el abandono. “Es la muerte; ya no contamos con las personas que antes estaban cerca de nosotros. Por desgracia, a los viejos nos abandonan, nos dejan como a un animal tirado en la calle. El abandono es un verdadero desastre en la vida de una persona”.
Los avatares sufridos por este hombre al final de su vida son cada vez más comunes. Después de un par de divorcios, vino el distanciamiento de sus hermanos. A nadie pareció importarle su difícil situación económica y el deterioro emocional sufrido después de la última de sus separaciones: “Haga de cuenta que para mi familia me morí hace 20 años. Mi segunda esposa se llevó lo que pudo: mi coche, instrumental médico que había comprado para ella, quien era médico. Me dejó, como se dice, con una mano adelante y otra atrás”.
Después de trabajar por décadas en la Cruz Roja, Genaro recuerda con tristeza lo que ocurrió cuando pensaron que ya era viejo. Sin que importara su dedicación ni la labor realizada en esta institución humanitaria por años, sólo le dijeron adiós. “Me echaron con 300 pesos en la bolsa”.
Anciano pide limosna en las escaleras del Metro.
Anciano pide limosna en las escaleras del Metro. Foto: Moisés Pablo/ Cuartoscuro
Alejandro Orozco Rubio, director del Inapam.
Alejandro Orozco Rubio, director del Inapam. Foto: Claudia Guadarrama
“ME DICEN QUE YA FUE MUCHA TELEVISIÓN…”
Un par de datos procedentes de la mencionada ENDM: al 61.8 por ciento de las personas adultas mayores en este país lo sostiene un familiar. Sólo dos de cada 10 de estas personas recibe una pensión por su trabajo. Esta realidad explica el que el principal problema percibido por los adultos mayores en México sea el del empleo.
Apenas tenía 14 años cuando Jenaro Ortiz tomó por primera vez el volante de un automóvil para ganarse la vida. Cincuenta años después, la afección que sufre en un ojo, esa enturbiadora presencia conocida como “nube”, lo apartó de esa fuente de trabajo. A Jenaro, quien todavía luce como un hombre en plenitud de facultades, le ha costado mucho encontrar empleo. “He tocado muchas puertas, pero en cuanto ven los papeles y se dan cuenta de mi edad, me niegan la oportunidad de trabajar”.
Sólo una de cada cinco personas mayores recibe una pensión por el trabajo realizado a lo largo de su vida. Se trata de un verdadero privilegio que resulta cada vez más difícil mantener y que representa también la seguridad social. Jenaro no tuvo jamás lo que se puede considerar prestaciones sociales. El deterioro físico por efecto del tiempo es inevitable, una irremediable realidad…
Pero el derecho a la salud, en el caso de las personas mayores sinónimo del derecho a la vida, no está garantizado para quienes por su condición son proclives a enfermar. De acuerdo a datos del Inapam, tres de cada 10 adultos mayores en México carece de seguridad social.
“Cuando se llega a cierta edad se sufren muchos problemas de salud”, dice Enedina García, quien a sus 75 años lleva a cuestas la diabetes, la hipertensión y un problema en la columna vertebral. Sin embargo, Enedina es una mujer afortunada: de sus males la atienden en una clínica del Seguro Social de la Ciudad de México, donde dice que los médicos y las enfermeras la tratan bien, incluso con afecto. Cuando hace falta, sus hijos reúnen el dinero necesario para comprar los medicamentos que requiere. “Ahora necesito una faja que cuesta 400 pesos, y ya estoy esperando que me la compren”.
La de Gloria Torres es una realidad diferente: “Cuando uno está viejo los hijos lo olvidan. Niegan la responsabilidad que tienen con sus padres. Son muy ingratos, no recuerdan que nosotros vimos por ellos, que los cuidamos y atendimos”.
En México, según datos de la ENDM, 10 de cada 100 adultos mayores considera que el principal problema que enfrenta es el de la discriminación. En ocasiones, los episodios de la exclusión a que son sometidas estas personas llegan a la violencia. A Esther Rodríguez la humillan sus nietos, bisnietos y su propia hija. Su denuncia es amarga, dolorosa, el llanto ahogado en su garganta revela la impotencia: “Me dicen que ya fue mucha televisión para mí, que están cansados de las telenovelas y cambian de canal. A veces estoy sentada y me jalan el pelo. Cuando juegan con el balón me pegan, se burlan. Me quejo con mi nieta de sus hijos, y ella sólo les dice que dejen en paz a la abuela, pero ellos siguen molestándome. Mi hija siempre está peleando conmigo; le pido que nos llevemos bien, se calma por un rato, pero después vuelve a molestarme. Cuando encargan algo de comer ni siquiera me ofrecen, aunque esté ahí sentada. Me quitaron mi recámara, quién sabe que hicieron con mi ropero y con mi cama”. Esther afirma que la casa donde es discriminada de este modo le pertenece: “La heredé de mis padres”.
Las formas de maltrato sufridas por los adultos mayores abarcan un doloroso espectro: el crudo maltrato físico, la crueldad, el maltrato sicológico, el abuso económico, las perturbaciones del abuso sexual, el abandono…
Anciana tratando de subir escaleras en el edificio de la ALDF.
Anciana tratando de subir escaleras en el edificio de la ALDF. Foto: Moisés Pablo/ Cuartoscuro
El abandono familiar y la soledad, lo más difícil de afrontar luego de los 65 años.
El abandono familiar y la soledad, lo más difícil de afrontar luego de los 65 años. Foto: Mónica González
PERSONAS MAYORES: EL DERECHO A UNA VIDA DIGNA
La precaria situación de las personas mayores en un país donde su presencia demográfica es cada vez más importante y significativa, tiene que cambiar, insisten los especialistas en el tema. Es urgente generar políticas públicas para atender necesidades que resultan fundamentales, y para respetar derechos básicos de la condición humana.
“Lo primero que hay que decir —afirma Laura Bermejo, de la organización social Libre Acceso—, es que los derechos de las personas mayores son los mismos que los de cualquier otra persona; por lo mismo, se tiene que garantizar su derecho a la salud, a la educación, al trabajo”.
Se estima que 29 por ciento de los adultos mayores sufren de lo que se puede considerar una discapacidad. “Lo más evidente es el transporte. No hay condiciones para que las personas mayores con discapacidad puedan desplazarse con tranquilidad y seguridad”.
En muchos sentidos, lo que ocurre en la Ciudad de México puede ser considerado, para bien y para mal, como un “espejo negro” de las condiciones generales que enfrentan las personas mayores en el país. Guadalupe Ángeles Cabrera, visitadora de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) ha documentado la que puede considerarse una oprobiosa realidad. “Vale la pena destacar que el tema del abandono por parte de los familiares o de sus posibles redes sociales lleva a la exclusión de la vida comunitaria. Esto viene de la mano con carencias de lo que permitiría un nivel adecuado de vida. Lo otro que hay que destacar es la falta de servicios proporcionados por distintas instancias del gobierno del DF para la atención de las personas mayores”.
Más allá de reconocer los derechos que a todos son comunes, la circunstancia en que viven los ancianos requiere de la puesta en marcha de la Ley de los Adultos Mayores, una ley federal a la cual, luego de tres años le falta el reglamento necesario para entrar en vigor.
“Tenemos un vacío legal —apunta Alejandro Orozco, director del Inapam—; tenemos tres años trabajando, es necesario que los legisladores se ocupen del tema”. Es una ley que por carecer de reglamento hoy sólo resulta un catálogo de buenas intenciones. “Esta ley tiene la enorme desventaja de no ser coercitiva: si bien define los derechos y dice lo que se tiene que hacer para apoyar a las personas mayores, no establece ninguna penalización”, apunta Orozco.
Resulta inaplazable atender las necesidades de más de 10 millones de personas, los adultos mayores, una creciente población que requiere de la elaboración de políticas públicas para su inmediata atención.
Guadalupe Ángeles Cabrera, visitadora de la CDHDF, insiste: “Se requiere plantear políticas públicas integrales, que partan de lo que significa un nivel de vida adecuado para las personas adultas mayores, lo que no sólo se cubre con un loable apoyo económico, sino que va mucho más allá”.
Alejandro Orozco insiste en los cinco ejes que orientaron la política seguida por el Inapam durante su gestión: “La cultura del envejecimiento; el envejecimiento activo y saludable; estrategias como la generación de empleos para las personas mayores, y descuentos para ellos en distintas empresas, lo que redunda en seguridad económica, la protección social y el pleno reconocimiento de los derechos de las personas mayores”.
Para concluir, vale parafrasear una canción de Joan Manuel Serrat: “Que nadie lo olvide,/ todos llevamos un viejo encima”.
Víctor Ronquillo

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