sábado, 16 de junio de 2012

Infancia y sociedad

Un examen al examen
Andrea Bárcena
Hace falta evaluar a todos los maestros y alumnos para averiguar en qué estado se encuentra la educación básica? Por supuesto que no. Es del conocimiento público su mala situación. Tienen razón los maestros que se oponen a la evaluación universal y a la prueba Enlace, porque además de no servir para mejorar en nada la educación, son herramientas de opresión que quieren usarse para justificar la falta de una buena política educativa y para intimidar a los maestros y atropellar sus derechos. También sabemos que se está haciendo un buen negocio con esto, en vez de aplicar esos recursos para mejorar escuelas.
De nada sirven exámenes que digan lo que los maestros no saben. Lo que hace falta son cursos de capacitación que, acompañados de buenos instrumentos, les permitan capitalizar sus muchos saberes y su potencial creativo, para que puedan tomar el timón y reconstruir un sistema educativo que gobiernos irresponsables y autoritarios, en complicidad con el nefasto SNTE, han dañado y pervertido sin pudor.
En la educación básica, y sobre todo en la escuela primaria, el examen es un anacronismo pedagógico que desdibuja el sentido humano de la educación y obstruye el desarrollo cognitivo, ya que se convierte en la meta que obliga a ofrecer información en forma esquemática: se enseña a responder exámenes, a memorizar, en vez de enseñar a pensar.
El examen es un instrumento de control y de intimidación, que invierte las relaciones de saber y de poder y que arrebata a los niños el placer de aprender. En la primaria el examen sólo sirve para generar miedo y ansiedad a los niños.
Los exámenes deberían estar ya fuera de uso en la educación básica, porque obscurecen la comprensión de los procesos de aprendizaje y nada dicen acerca del potencial de aprendizaje de los alumnos.
Es urgente que la educación por el arte y la pedagogía de la pregunta se impongan a la castrante pedagogía del examen; que los niños disfruten la escuela y su mente desarrolle capacidad para investigar y para inventar. Además, para mejorar la educación básica los maestros han de recuperar su pisoteada dignidad y su protagonismo en la política educativa.
En Japón, el único profesional que no hace reverencia frente al emperador es el profesor, pues, según los japoneses, en una tierra donde no hay profesores no puede haber emperadores. Será por eso también que en México ya no hay gobernantes con linaje ni grandeza moral.

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