jueves, 22 de marzo de 2012

CNTE y SEP, ¿un conflicto estúpido?

Manuel Pérez Rocha
La historia nos enseña que los conflictos son parte de la vida, son producto de los complejos procesos sociales, culturales y económicos que determinan la marcha de las sociedades, y de circunstancias y relaciones interpersonales específicas. Pero no todos los conflictos son inevitables, ni son inevitables su agudeza y sus consecuencias destructivas. Con el riesgo de ser tachado de ingenuo, propongo que se vea con cuidado si el conflicto de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) puede procesarse de manera constructiva y evitarse así, con voluntad e inteligencia, sus posibles nefastas consecuencias.

La CNTE ha declarado con énfasis que no está contra la evaluación de los maestros, está contra un proyecto específico de evaluación. La CNTE sostiene que no está contra la calidad de la educación, está contra la llamada “Alianza por la Calidad de la Educación”, pacto político del gobierno federal con Elba Esther Gordillo. La CNTE no está defendiendo prerrogativas, está defendiendo derechos laborales y combatiendo corruptelas, como la venta de plazas, el comercio de privilegios y la corrupción generados por la mafia que controla al SNTE con la complicidad de la SEP.

Si el gobierno federal efectivamente quisiera la mejora de la educación en bien del país, debería por lo menos escuchar a la CNTE y a la gran mayoría de los especialistas en educación mexicanos, que han puesto en evidencia los graves errores de la mal llamada Carrera Magisterial, de la prueba Enlace, de la Reforma integral de la educación básica y de la Reforma integral de la educación media superior. Debería también analizar con seriedad las experiencias de otros países, como Estados Unidos, donde las evaluaciones estandarizadas han ocasionado grave deterioro de la educación, o Finlandia, donde no se aplican sistemáticamente esas pruebas y sin embargo sus resultados son los mejores, precisamente, en las pruebas que aplica la OCDE.

El asunto crítico en estos momentos es el examen que se pretende aplicar a los maestros de educación básica y que será parte de la denominada “evaluación universal”. De manera reiterada, la SEP ha declarado que esta evaluación es de carácter diagnóstico y tiene sólo propósitos formativos. Sin embargo, en el acuerdo firmado entre la SEP y el SNTE se establece que “los resultados de la evaluación universal serán considerados para acreditar los factores correspondientes del programa nacional de Carrera Magisterial así como para el programa de estímulos a la calidad docente”.

Es una grave contradicción, concedamos que producto de la irreflexión, declarar que la evaluación tiene propósitos exclusivamente formativos, cuando expresamente se ha acordado que sus resultados tendrán consecuencias en el Programa de Carrera Magisterial y en el de Estímulos a la calidad docente. Al entremezclar irreflexivamente el válido propósito diagnóstico y formativo de la evaluación con compensaciones laborales y estímulos, la “evaluación universal” aniquila, dinamita, las posibilidades constructivas, pedagógicas, de la evaluación.

El propósito de toda evaluación determina sus aspectos fundamentales. Una evaluación diagnóstica exige una colaboración abierta del evaluado y el establecimiento de una clara relación de confianza entre el evaluado y el evaluador. De esta manera, el evaluado aporta toda la información necesaria para que el diagnóstico sea certero y útil. Al asociarse una evaluación de propósitos diagnósticos y formativos, con posibles consecuencias negativas para el evaluado, la necesaria colaboración de éste se verá restringida, incluso anulada. Esto ocurre, por ejemplo, cuando en el aula se confunden las evaluaciones formativas con las certificaciones (calificaciones): frente a la necesidad de obtener una buena nota, el estudiante buscará ocultar sus deficiencias y se anulará la posibilidad de que el maestro lo ayude a subsanarlas.
Una auténtica evaluación formativa debe estar asociada a una autoevaluación y a la evaluación de los colegas próximos. Toda pretensión de control masivo y centralizado, como esta “evaluación universal” y la ya operante prueba Enlace para los estudiantes, hace imposible la función formativa de la evaluación, e incluso genera efectos perversos. Ya hoy se ha empezado a desarrollar un pernicioso comercio de “guías”, “exámenes modelo” y “materiales de apoyo” que supuestamente preparan a los estudiantes para la presentación de esos exámenes estandarizados. En Estados Unidos el mercado de este tipo de “materiales” es ya un negocio multimillonario. No tardará en desarrollarse un mercado semejante para la “evaluación universal”.

Al asociarse la llamada evaluación universal con el Programa de Carrera Magisterial y el de Estímulos a la calidad docente se introducen otras discusiones de fondo de gran trascendencia. ¿Es el dinero el estímulo adecuado para lograr el mejor desempeño de un maestro? ¿Qué podemos esperar de un maestro cuyo compromiso por formar bien a sus estudiantes depende de compensaciones económicas? ¿Debe ser la “carrera magisterial” un mero escalafón?

Como resultado de la “evaluación universal” la SEP pretende obtener información para conducir a los maestros a “trayectos formativos que se ofertarán (sic) a los participantes de escuelas públicas”. Lamentablemente, no contemplan el mecanismo de formación más importante y fructífero: el análisis que los maestros deben hacer de sus propias experiencias, la discusión con sus colegas y la generación de soluciones apropiadas para cada circunstancia. La mejor formación de los profesores es la que puede darse en su trabajo y mediante su trabajo en condiciones adecuadas y con los apoyos técnicos y pedagógicos necesarios.

Dos investigadores mexicanos, que la vez son funcionarios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Sylvia Schmelkes y Carlos Mancera, propusieron a la SEP un modelo diferente para la evaluación de los maestros. El análisis de esta propuesta requiere un espacio no disponible aquí, baste solamente señalar que la secretaría simplemente los ignoró, como pretende ignorar ahora la amplia movilización de los maestros de la CNTE. No hay racionalidad ni congruencia en la intransigencia de la SEP. Su negativa a escuchar a la CNTE, que genera un grave conflicto en estos momentos, hace recordar la advertencia de Adolfo Bioy Casares: “El mundo atribuye su infortunio a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que subestima la estupidez”.

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