viernes, 15 de mayo de 2009

Reflexiones en un Día del Maestro.






Juan José Huerta


¿Tiene sentido hablar de educación ahora, cuando el sistema político está dando las enésimas muestras de podredumbre, con presentaciones de libros, declaraciones-bomba y desmentidos? Mis disculpas, pero es que hoy, Día del Maestro, se impone abordar el tema de la EDUCACIÓN, con mayúsculas, la que sigue siendo colosal tarea pendiente del régimen mexicano, a pesar de hitos que han marcado rumbos en nuestra historia: una de las primeras universidades del continente, el positivismo, la educación laica y gratuita, el muralismo mexicano, lecturas clásicas para niños, el libro de texto gratuito, el programa de construcción de escuelas, los monumentales centros de estudios superiores, logros todos en los que permeaba la visión optimista de la Nación.



Hoy, cuando los indicadores muestran en promedio mayor cobertura y más años de escolaridad, un sistema educativo más complejo y de mayor alcance en sus ramas pública y privada, desde kínder y preprimaria hasta estudios universitarios, especiales y de postgrado, como que predomina una visión pesimista, de fracaso, que da origen a una tras otra reformas educativas que nunca parecen lograr sus objetivos, como lo reflejan negativas costumbres, comportamientos, actitudes en la sociedad, que nos hacen decir: “son las fallas de la educación”.



Intentos se dan por revertir la situación: hoy se cumple el primer año de la Alianza por la Calidad de la Educación, y el presidente Felipe Calderón aseguró hace unos dos meses que su gobierno “trabaja fuerte para elevar la calidad de la educación en México” y, por eso, “estamos buscando acuerdos complejos, difíciles y controvertidos”.



Pero que lo que está faltando para un verdadero renacimiento educativo es entender a la EDUCACIÓN como fenómeno integral y global, un entramado de varios elementos clave que han de estar orgánicamente enlazados para que rinda sus frutos: enseñanza, maestros, compromiso; infraestructura, inversión; ciencia y tecnología; ética y valores, tanto individuales como sociales; medios de comunicación.



La reciente epidemia de influenza mostró lo que a estas alturas son increíbles carencias en miles de escuelas públicas que en todo el país no cuentan con servicio elemental de agua y sanitarios, amén de otras muchas fallas en sus recintos.



En algunas escuelas privadas puede observarse también la precariedad o improvisación de sus instalaciones.



Bueno, el primer compromiso de cualquier acuerdo educativo integral habría de ser el realizar un masivo esfuerzo de construcción, remodelación y equipamiento de todos los planteles educativos, públicos y privados que lo necesiten, con participación de fondos fiscales de los tres niveles de gobierno, recursos privados, incluidos los filantrópicos y, ¿por qué no?, aportaciones voluntarias organizadas de padres, maestros y aun estudiantes.



El objetivo sería que todos los maestros y alumnos se sientan verdaderamente orgullosos de sus escuelas.



Segundo objetivo del acuerdo educativo integral: un cuerpo docente del que también todos los mexicanos estemos orgullosos, inclusive los mismos maestros por estar seguros de que la sociedad mexicana valora adecuadamente su trabajo y les ofrece buenos salarios y condiciones de trabajo, a fin de que ellos muestren su responsabilidad con una educación de calidad.



Pero…es obvio que este objetivo sólo es compatible con organizaciones magisteriales que no sean corporativistas u orientadas a la politiquería, que verdaderamente ejerzan la democracia y la transparencia en su dirección y manejo internos y su compromiso renovado con los altos fines de la educación nacional.



Eso exige la transformación efectiva, entre otros, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.



Es urgente, por otro lado considerar que la educación es el fundamento sólido de la ciencia y la tecnología, tanto para incrementar la eficiencia del sistema productivo al reducir costos de producción, como para asegurar el desarrollo y la sustentabilidad del mismo al racionalizar el uso de los recursos y el reciclaje de residuos, y disminuir las emisiones de carbono y el calentamiento global.



En un libro reciente, (The Age of American Unreason, Pantheon Books, N, Y., 2008), Susan Jacoby encuentra una hostilidad generalizada entre los estadunidenses hacia el conocimiento, asociada con la antipatía hacia la ciencia por parte del fundamentalismo religioso.



Pues igualmente a veces uno se ve orillado a pensar que los mexicanos somos refractarios a la tecnología; no la utilizamos o lo hacemos mal; la compramos pero no la desarrollamos, tanto así que el director general de Pemex señala que si en el país no hay la tecnología necesaria recurrirá a empresas de ingeniería del exterior para los proyectos de inversión de la paraestatal, en particular la construcción de una nueva refinería.



Agrega “estamos cosechando lo que sembramos, por la falta de inversión en recursos de ingeniería, problema que incluso se registra en todas las áreas que comprende el Programa Nacional de Infraestructura”.



Pero, eso sí, digo yo, dedicamos esfuerzos y recursos a proyectos espectaculares como el pulque enriquecido para luchar contra la desnutrición o un método para aprovechar el frijol con gorgojos.



O las soluciones milagrosas que esperamos de algunos proyectos: el “mapa del genoma mexicano” es un logro importante, pero ha sido tan políticamente publicitado que se da la idea de que con el mismo ya se resolvió en definitiva el problema del tratamiento a las enfermedades “del mexicano” con “medicinas hechas a la medida”, sin considerar los tiempos de investigación y maduración que todavía se requerirán, además de que habrá que tener mucho cuidado para que los genes identificados que ayuden a curar una enfermedad no vayan a ser patentados por alguien, como ocurre, para preocupación de muchos científicos, en Estados Unidos.



(El lego pretecnologicus que hay en mi se pregunta también si una muestra tan pequeña como la actual puede representar el mapa genómico de 107 millones).



“En el futuro, el mundo se dividirá entre países que incluyan la ciencia y la tecnología en sus procesos de formación integral e implícita para el desarrollo, y las naciones cuyo principal papel será maquilar la alta tecnología que produzcan otros”, declaró a La Crónica hace tiempo Robert Laughlin, Nobel de Física 1998 (entrevista de Isaac Torres Cruz, 27oct07).



Se requiere, pues, una educación básica, media y superior fortalecida determinantemente con conocimientos y experiencias aplicadas científicas y tecnológicas, así como la promoción de éstas en la vida diaria.



Por ejemplo, la inmersión a fondo de la población en la tecnología de la información; la tecnología del desarrollo y gestión urbanos; tecnología en el sistema de salud, incluida la digitalización de expedientes médicos de los pacientes; ciencia y tecnología para desarrollar las fuentes de energía renovables: solar (fotovoltaica y la más eficiente de calentamiento de agua) y del viento, principalmente, al mismo tiempo que hacer mucho hincapié en la conservación y ahorro de energía, incluida una mucho más eficiente red de distribución de energía eléctrica.



Y también un entrelazamiento más directo y efectivo entre la política gubernamental, los científicos y tecnólogos y las innovaciones en las empresas productivas, para resolver los problemas de la sociedad mexicana, como han propuesto reiteradamente destacadas personalidades.



Y corrigiendo las fallas que especialistas encuentran en la política del Conacyt actual “centrada en tecnología e innovación sin ciencia”, con “resultados desalentadores” (“Los riesgos de una política científica gerencial”, Rosaura Ruiz y Rafael Loyola Díaz, El Universal 9-11 de marzo 2009).



Finalmente, la EDUCACIÓN no se entiende sin normas y valores, principios éticos que deben permear no tan sólo en el sistema educativo sino en todos los niveles de la vida nacional, especialmente en la política, y en lo cual tienen una gran responsabilidad social los medios de comunicación, en particular la televisión.





pliegodejjhuerta.blogspot.com


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